viernes, 21 de abril de 2017

El FMI intenta limar asperezas con la Administración de Donald Trump

"Hay margen para mejorar el comercio", concede Lagarde, pero pide hacerlo "en cooperación"

Amanda Mars
Washington, El País
El Fondo Monetario Internacional trata de buscar un acercamiento con el Gobierno de Donald Trump, el empresario neoyorquino que puso en alerta a los organismos internacionales con sus críticas a la globalización y que está a punto de cumplir 100 días en la Casa Blanca. La directora gerente, Christine Lagarde, concedió este jueves que el comercio internacional debe ser “justo” y que, desde luego, “tiene margen para mejorar”, pero pidió que cualquier transformación se lleve a cabo “en cooperación”, frente a una escalada de medidas proteccionistas.


El FMI es otro de esos organismos con los que la nueva Administración de Donald Trump no ha empezado bien. El organismo internacional estuvo toda la campaña clamando contra los mensajes proteccionistas del empresario neoyorquino y miembros de su equipo han acabo replicando con virulencia. “Cada vez que no queremos defender de algo lo llaman proteccionismo. ¡Eso es basura!”, dijo esta semana a Financial Times, el secretario de Comercio, Wilbur Ross, respecto a las críticas del Fondo.

Este jueves, la directora gerente limó asperezas. Dijo que, tras los contactos mantenidos hasta ahora, tenía todos los motivos para creer que “habrá progresos” con la nueva Casa Blanca. Aseguró que el Fondo, pese a no ser una organización de Comercio, está preocupada por este en tanto que motor crucial de crecimiento, y prometió que batallaría “por un terreno de juego justo y equilibrado”,una expresión similar a la que Trump ha repetido hasta la saciedad para denunciar que Estados Unidos ha jugado en desventaja frente a países como China. Pero Lagarde advirtió de que la respuesta no puede llevar a “medidas proteccionistas”. Hay margen para la mejora, dijo Lagarde, que criticó los incumplimientos de normas que se registran cada día en la Organización Mundial del Comercio. "Es un problema que hay que afrontar".

Donald Trump fue visto por muchos durante tiempo como una broma, luego como un peligro —aún improbable— y ahora es el presidente del país más poderoso del mundo, principal contribuyente, además, del FMI. Por eso el torno en torno al magnate neoyorquino han cambiado ostensiblemente del último cónclave del Fondo, el pasado octubre, a la cita de este abril. Pedir un terreno de juego equilibrado no es lo mismo que apostar por el proteccionismo, dijo hace poco la propia Lagarde. Y es que Trump es, también, un mensaje global: si el comercio internacional se percibe como injusto, la población apoyará un repliegue del mismo, y sirven de muy poco esas las hojas de cálculo de Excel que explican que, a la postre, en el largo plazo, el más perjudicado será el que levanta esas barreras.

Solo en los últimos 15 años en Estados Unidos se han perdido unos 5 millones de empleos del sector industrial, por regla general mucho mejor pagado que el de los servicios, no solo por la competencia de países con mano de obra más barata, sino también por el cambio tecnológico, pero cuando el estadounidense de clase trabajadora ha vivido un goteo constante de cierre de fábricas y traslados a Asia o México la narrativa proteccionista es difícil de frenar. Esta es una de las claves de la victoria del republicano, un tipo que prometió penalizar a las empresas que dejaran EE UU por otros países y que esta misma semana una orden ejecutiva para restringir la entrada al mercado laboral de los inmigrantes y potenciar la compra de productos estadounidenses.

Un cierto giro nacionalista sí ha pasado del discurso a los hechos. En el Fondo preocupan los siguiente pasos, ya que una escalada proteccionista entre países pondría en riesgo esta reactivación global que por fin parece haber ganado impulso después de años anémicos. “Todos recordamos los brotes verdes de 2011, que no duraron mucho”, dijo Lagarde para advertir, acto seguido, de los “riesgos e incertidumbres” que acechan a la economía tanto en países emergentes como en las avanzadas.

La previsiones del Fondo para la economía mundial este año mejoraron una décima, del 3,4% al 3,5%, la primera revisión al alza en mucho tiempo, pero el medio plazo preocupa en el organismo. El crecimiento global ha ganado fuerza, pero el potencial, que es el que puede alcanzar una economía si pone a trabajar todos sus recursos sigue débil y ese necesita medidas. Además, hay preocupación por las políticas. No solo Trump ha ganado en EE UU, para susto del establishment internacional, sino que que el Reino Unido ha optado por el Brexit. Ahora, Francia celebra elecciones. En una entrevista en la CNBC, a Lagarde -que fue ministra del Gobierno de Nicolas Sarkozy- le preguntaron por una posible victoria de la candidata derechista Marine Le Pen. "Causaría desde luego un gran ttastorno y supondría un riesgo de distanciamiento" de la UE", dijo.

El discurso nacionalista está ganando peso también en la zona euro, cuyas previsiones de crecimiento, aunque han mejorado una décima, se mantiene en un débil 1,7% para este año, el mismo ritmo lento de 2016. El gran motor, Alemania, solo avanzará un 1,6% y mantiene un fuerte superávit comercial. Estados Unidos lo ha criticado, pero también sus socios del euro. Preguntaron por ello a Lagarde. Reiteró que no todo ese desequilibrio es jusitifcable por la edad de la población y celebró las noticias de Berlín sobre el aumento de la inversión y la ayuda a refugiados. Pero también hay elecciones este año en Alemania y estos días en Washington se toman las pronósticos -económicos y políticos- con mucho prudencia.
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