viernes, 2 de diciembre de 2016

Dimite el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens

El economista deja el banco central de México tras siete años en el cargo

Jan Martínez Ahrens
Sonia Corona
México, El País
Y el capitán abandonó el timón. El gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, ha anunciado que a partir del 1 de julio dejará el cargo para incorporarse como gerente al Banco de Pagos Internacionales. La renuncia supone un nuevo golpe a la ya precaria estabilidad financiera mexicana. El triunfo de Donald Trump, la crisis del crudo y la atonía global han sumido a México en un túnel de incierta salida. El peso no deja de tocar mínimos históricos (el dólar en ventanilla bancaria se llega a cotizar este jueves en 21.05 pesos, en uno de los peores resultados de la historia) y en el horizonte asoma la amenaza de una recesión. Carstens, un símbolo de la estabilidad mexicana, se había destacado por su rigor y sus medidas para anclar la inflación. Aunque el Gobierno se apresuró a garantizar una "transición ordenada", con su salida México pierde un baluarte ante el vendaval que se avecina.


Carstens es la ortodoxia. De modos tranquilos, reflexivo y larga trayectoria en la gestión económica, su palabra ha bastado en muchas ocasiones para tranquilizar a los mercados. En siete años a cargo del banco emisor jamás se le ha visto en un renuncio. Su previsibilidad es considerada una garantía. Respetado por el poder priista, pese a haber sido secretario de Hacienda con el anterior gobierno del PAN, el objetivo declarado de su mandato ha sido mantener baja la inflación y apuntalar la estabilidad de un sistema financiero ultradependiente de las fluctuaciones internacionales. Con una moneda de enorme liquidez, porosa a todos los oleajes, Carstens logró este mismo año que la inflación tocase su mínimo histórico y que sacudidas financieras como la del Brexit llegasen amortiguadas a las costas mexicanas.

Su último desafío tenía una envergadura histórica. Las amenazas de Trump de romper el tratado de libre comercio, reducir las remesas y castigar fiscalmente a las empresas estadounidenses que se trasladen a México, le habían situado, junto con el equipo económico del presidente Enrique Peña Nieto, en el ojo del huracán. Cada gesto suyo era visto con lupa. Y él respondió, como siempre, con la ortodoxia. Sin aspavientos. A medida que el republicano avanzaba en las encuestas, Carstens fue decretando subidas de tipos de interés. Cinco en un año. Del 3% al 5,25%. El bombeo castigó a la inflación, pero evitó que la vertiginosa depreciación de la moneda, que llegó a ser la más vapuleada del planeta, fuera a más y pasase factura al consumidor. Fue un éxito, aunque momentáneo.

Nadie duda de que 2017 será el año de la gran tormenta. La inflación subirá y si Trump cumple su programa de máximos, hay analistas que apuntan a una recesión histórica. En previsión, el propio Carstens rebajó hace una semana el pronóstico de crecimiento del PIB en medio punto hasta situarlo entre 1,5% y 2,5%. Un cálculo que muchos analistas consideran muy optimista.

En este horizonte de incertidumbre, donde México se la va a jugar a cara o cruz con el irascible Trump, el gobernador ha decidido tirar la toalla. Los motivos aún son oscuros. Hay quien especula con desacuerdos internos o la decisión gubernamental de imponer a otro gobernador más maleable en una época electoral. Todo son especulaciones. En su entorno se considera que se trata simplemente de un ascenso. A nadie se la escapa que Carstens siempre ha ambicionado un puesto internacional y que tenía la mirada fija en el FMI, donde en 2011 se postuló a la dirección frente a Christine Lagarde. El Banco de Pagos Internacionales que agrupa a 60 entidades centrales de países que aportan el 90% del PIB mundial, sería un paso en esa dirección.

“De ninguna manera se debe leer mi salida a una reacción de mi parte de una situación coyuntural o a un desencuentro con Hacienda o el Gobierno federal. La decisión de tomar esta oportunidad es porque me interesa seguir sirviendo desde un ámbito más global. Todavía voy a estar siete meses y espero que la tormenta no dure tanto”, dijo Carstens. “Lo que me da tranquilidad es el hecho de que el Banco de México es una institución bien formada con estupendos miembros de grandes capacidades intelectuales”, señaló, al tiempo que dijo sentirse honrado por la designación de su nuevo cargo. “Soy un firme creyente de la cooperación internacional”.

“Su nuevo puesto es un orgullo para el país y una muestra del talento de Carstens y de la fiabilidad que han alcanzado las finanzas públicas en México”, señaló el secretario de Hacienda, José Antonio Meade. En ese mismo sentido se expresó Luis Robles, presidente del BBVA-Bancomer, el mayor banco de México, quien se mostró “muy tranquilo” con la sucesión. “Hay muchos candidatos que pueden ocupar el puesto”, dijo en un foro organizado por Bloomberg.

Esta aparente tranquilidad de la cúpula bancaria y gubernamental no logró convencer a los mercados. El peso sufrió una rápida caída y superó pocas horas las 21 unidades por dólar en ventanilla, uno de de sus peores resultados históricos. Otra tormenta sobre una economía que debe emprender un largo viaje por la cuerda floja y que, lo quieran o no sus responsables, va a estar sometida a una enorme presión política. La rapidez con la que se resuelva la incógnita de la sucesión, pero también la calidad del elegido serán señales determinantes de la nueva y peligrosa era que apenas ha empezado a vislumbrarse.


La trayectoria de Carstens

1985: Doctorado de la Universidad de Chicago
1999 a 2000: director ejecutivo en el FMI.
2000 a 2003: Subsecretario de Hacienda
2006 a 2009: Secretario de Hacienda de Felipe Calderón
2007 a 2009: Presidente del Comité de Desarrollo del FMI y el Banco Mundial
2010: Es nombrado Gobernador de Banxico
2011: Se postuló como director del FMI
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