jueves, 1 de diciembre de 2016

Austria repite la elección presidencial bajo la amenaza del auge populista

La ultraderecha impugnó la victoria en mayo del candidato independiente, que ganó por solo 31.000 votos

SARA VELERT, ENVIADA ESPECIAL
Viena, El País
Austria vuelve este domingo a las urnas para elegir presidente. La ultraderecha tendrá una segunda oportunidad de ocupar el cargo después de que se anulara por irregularidades el recuento que en mayo dio la victoria al exportavoz de Los Verdes Alexander van der Bellen con un 50,3% frente al candidato del FPÖ, Norbert Hofer, al que apenas separaron 31.000 votos de alcanzar por primera vez para su partido la jefatura del Estado. La votación se anuncia reñida, una vez más.


La larga campaña, de casi un año, termina con escasa diferencia entre los candidatos en las encuestas, aunque el aspirante ultranacionalista cuenta con una ligera ventaja. Tanto el exportavoz de los Verdes Van der Bellen, de 72 años y que se presenta como independiente, como Norbert Hofer, de 45 años y segundo del partido antinmigración FPÖ, aprovechan los últimos días para apelar a los indecisos y animar a sus partidarios a regresar a las urnas. “El 97% afirma que repetirá su voto, por lo que será determinante la participación y la movilización de cada bando”, afirma el politólogo de la Universidad de Viena Laurenz Ennser-Jedenastik. En mayo la participación alcanzó el 72,7%.

Después de que en la primera vuelta en febrero los electores dejaran en la cuneta a los candidatos de los partidos tradicionales, socialdemócratas y democristianos, los austriacos dividieron su apoyo casi a partes iguales entre un ultranacionalista y euroescéptico que quiere cerrar las fronteras a los migrantes, y un independiente progresista que aboga por una sociedad abierta y dentro de la Unión Europea.

La ultraderecha alcanzó en mayo su mejor resultado en unas elecciones aupada en las preocupaciones de los ciudadanos con la crisis de los refugiados —Austria, con 8,7 millones de habitantes, registró unas 90.000 peticiones de asilo en 2015—, el paro y el descrédito de la política tradicional. Seis meses después, Hofer mantiene con el mismo discurso la expectativa de llevar a su partido a lo más alto y abrir el camino a su jefe de filas, Heinz-Christian Strache, que aspira a ser canciller en unas futuras elecciones generales.

El FPÖ ha visto un buen augurio para su avance en la victoria de Donald Trump, que Strache celebró como un castigo a la izquierda y a la “élite engreída”. Hofer vaticina que como presidente —un cargo tradicionalmente de representación exterior—, tendría mejores relaciones con Estados Unidos que su oponente, que apostó por Hillary Clinton. Una delegación del FPÖ celebró la noche electoral con los republicanos en Nueva York. Pero pese a las semejanzas entre los votantes que han llevado a Trump a la Casa Blanca y los del FPÖ, Hofer se ha distanciado del estilo más estridente del magnate, que no es muy popular en Austria.
Cercano ya el 2 de octubre, fecha de la repetición de los comicios, el Ministerio del Interior rozó el ridículo cuando tuvo que aplazarlos por un problema de fabricación de los sobres del voto por correo. Muchos de ellos se despegaban, lo que invalidaba las papeletas. Para evitar cualquier posible impugnación, y otro bochorno, Interior ha elaborado una extensa guía sobre todos los pasos de la jornada. Además, se prohíbe fotografiar a los candidatos al votar por si ello pudiera influir en los electores. Una misión de la OSCE invitada por Austria seguirá la elección.

La perspectiva de un jefe de Estado salido de la ultraderecha afianzó el voto a Van der Bellen en mayo. Con un ajustado 50,3% frente al 49,7% de Hofer, se convirtió en presidente electo durante seis semanas, lo que tardó el Tribunal Constitucional en anular los comicios tras denunciar los ultranacionalistas una supuesta manipulación. Los magistrados no vieron fraude, pero sí incumplimientos de la ley electoral en el recuento del voto por correo (unas 700.000 papeletas, el 14% del censo), que fue decisivo en la victoria del independiente.

Van der Bellen ha redoblado desde entonces sus advertencias contra “la República azul”, el color del FPÖ, y el coqueteo de la ultraderecha con una salida de la UE. La victoria del Brexit en junio animó a Hofer a plantear un posible referéndum en Austria en un futuro próximo, pero luego reculó. “El FPÖ ha visto que iba por un camino demasiado radical. El 66% de los austriacos rechaza dejar la UE”, explica Paul Schmidt, secretario general de la Sociedad Austriaca para Políticas Europeas. “El llamado Öxit es un tema de campaña, pero no está presente en la población”. Una población dividida en torno a dos visiones contrapuestas de Austria que se enfrentarán de nuevo el domingo en las urnas.



Posible arrastre

Los analistas se muestran cautos ante un posible efecto de arrastre. “Tal vez haya gente que piense que si los estadounidenses eligieron a Trump, por qué no votar a Hofer, pero no parece que eso vaya a tener una gran incidencia”, opina Ennser-Jedenastik.

Desde el campo de Van der Bellen incluso se confía en que pueda ayudar a su candidato, que advirtió a propósito de la victoria del empresario neoyorquino: “No quiero que Austria sea el primer país de la Europa occidental en el que el populismo de derechas tome el poder”.
Un recuento algo chapucero

ausLa anulación de las elecciones de mayo resultó embarazosa para el Gobierno austriaco, que se refugió en que no hubo fraude para restar importancia a que en una veintena de distritos se produjeran recuentos de votos por correo fuera del plazo legal o sin que estuviera toda la mesa electoral presente.

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