domingo, 27 de noviembre de 2016

Un Barça infame sobrevive en Anoeta... gracias a Gil Manzano

La Real le da un baño a un Barcelona que empata milagrosamente en un arrebato de Neymar y Messi. Gol mal anulado a los locales. El Barça se desengancha del Madrid.


Santi Giménez
As
El Barcelona más infame en años logró conquistar un milagroso punto en Anoeta tras empatar a uno en un encuentro en el que la Real Sociedad le dio un baño. Únicamente la fugaz aparición de Messi y Neymar, que se asociaron para anotar el empate en la única acción de mérito que protagonizaron en todo el partido y un gol injustamente anulado por Gil Manzano a Juanmi en la segunda parte, evitaron un desastre aún mayor para los de Luis Enrique.


Llegaba el Barcelona a San Sebastián sabiendo que jugaba una final en un campo minado. Y Luis Enrique volvió a dar el petardazo. El Barcelona jugó probablemente su peor partido en años y fue un guiñapo en manos de la Real Sociedad. No hay exvotos y velas en el orbe católico para agradecerle al Altísimo el milagro de Anoeta, donde el Barcelona se mereció salir escaldado ante una Real mejor táctica, técnica y físicamente.

Claro que todo es según el color del cristal con que se mire. Si a Luis Enrique el esperpento de partido ante el Málaga le pareció de notable alto, el de este partido debe de estar a la altura del notable bajo, según el criterio del asturiano. Pero para muchos, el Barcelona es desde hace mucho tiempo un emperador que camina desnudo por la calle. Luis Enrique se empeña en convencer al mundo que va adornado con lujosos paños y Messi siempre aparece al rescate para colocar un taparrabos y evitar la vergüenza pública. Pero el Barça, no nos engañemos, va en pelotas. Sin equilibrio, sin juego, sin sistema y fiándolo todo a la inspiración de los jugadores.

En San Sebastián se salvaron porque Neymar regateó a dos y Messi enchufó la única que tuvo, porque el árbitro fue un amigo y porque a la Real le faltó la suerte que tuvo en exceso en anteriores partidos. Pero vamos, que el Barça está hecho una ruina a seis días de un Clásico ante el Madrid que va a llegar al Camp Nou con seis puntos de ventaja es un hecho contrastado. Pero mientras el técnico asturiano siga defendiendo que tiene la mejor plantilla del mundo y que cada tropezón lamentable merece un “notable alto” las cosas seguirán igual.

El meneo de la Real al Barcelona tuvo instantes sangrantes del lado barcelonista y apoteósicos por el lado guipizcuano. La primera parte fue una de las peores actuaciones que se le recuerdan al equipo catalán, que fue un absoluto guiñapo en manos de una Real Sociedad mejor plantada, alegre, ofensiva y motivada.

Que el primer acto acabara empate a cero ya fue para que Luis Enrique se fuera en bicicleta, desde San Sebastián peregrinando a Montserrat en señal de agradecimiento. Pero es que la cosa pudo ser peor, Alba y Piqué llegaron a pedir el cambio por sendos golpes, que, de momento, no fueron a más. Pero el central catalán jugó todo el partido mermado, haciendo la de Migueli en Basilea. Aguantó porque es de los pocos que tiene cierta vergüenza en este equipo y no se fue del campo porque debió mirar al banquillo y ver la cara de pánico de su técnico y la de Marlon, mirándose a los ojos como si fueran los grumetes del Titanic con el agua hasta las rodillas.

La Real logró su merecido premio en forma de gol a los siete minutos de la segunda parte gracias a William José, pero un golpe de genialidad de Neymar permitió a Messi empatar. A partir de entonces, el decorado no cambió, la Real siguió mereciendo golear y el Barça dando grima para rascar un empate mísero por los dos lados. La Real Mereció más y el Barça se descose a día que pasa caminando desnudo para todos menos para un entrenador que lo fía todo a Messi.
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