viernes, 25 de noviembre de 2016

“Tras la golpiza, la policía me metió en el mismo coche que mi agresor”

María Isabel Covaleda es una de las más de 38.000 mujeres que han sido agredidas este año por su pareja en Colombia

Sally Palomino
Bogotá, El País
Hace dos meses, María Isabel Covaleda, de 39 años, pensó que se moría. No sabe cuántos golpes recibió de su pareja. Debieron ser muchos para dejarla inconsciente. Debieron ser muy fuertes porque la dejaron sangrando. Su rostro se convirtió desde la noche de la agresión, el 17 de septiembre pasado, en la de miles de mujeres que terminan siendo víctimas de su pareja y revictimizadas por un sistema judicial que no tiene protocolos claros para atender una denuncia por violencia machista como la que ella se atrevió a hacer.


Covaleda recuerda cómo, segundos después de la golpiza, tuvo que compartir con su supuesto agresor el mismo espacio en el carro de la policía. “Estuve con él cuatro horas más, después de que casi me mata. Pedía a las autoridades que lo alejaran de mí, pero parecía que nadie me escuchaba”, relata. Mientras esperaba para poner la denuncia, veía cómo el hombre que minutos antes le había reventado la cara, se secreteaba con los policías y se movía empoderado por el mismo espacio en el que ella estaba aguardando en un rincón para contar lo que le había pasado.

“Me iba a matar”, dice ahora, cuando las marcas de su cara se han borrado pero el recuerdo de lo que sintió aquella noche le sigue generando pánico. “Vuelve esa sensación de miedo sembrado en los huesos”. Sigue el dolor y la tristeza, pero también la persistencia para que se haga justicia. “Callar el maltrato es perpetuar la impunidad”, asegura. Covaleda, además de denunciar a su agresor por tentativa de feminicidio, hizo público su caso en las redes sociales. Tras difundirlo, otras mujeres denunciaron haber sido víctimas del mismo hombre. Sin embargo, todavía no hay una sentencia contra él. El procesado está libre. Mientras, ella ha tenido que dejar la casa en la que vivía, abandonar su rutina. “Por seguridad, no he podido quedarme desde hace dos meses en un mismo lugar”, cuenta

En Colombia, son asesinadas en promedio dos mujeres cada día, según datos de la Defensoría del Pueblo. En la mayoría de los casos, sus verdugos son sus parejas o exparejas. Y es sólo la punta del iceberg. En los últimos diez años, se han abierto 34.571 procesos jurídicos por asesinatos de mujeres motivados por su género (feminicidio), de los cuales solo ha habido condena en 3.658 casos, según la Fiscalía de Colombia. “Existe un subregistro porque aunque ahora se denuncia más que hace algunos años, los prejuicios siguen siendo un obstáculo para que las mujeres decidan contarlo”, advierte Olga Amparo Sánchez, investigadora e impulsora de la Red Nacional de Mujeres y de la Casa de la Mujer en Colombia, un país de 47 millones de habitantes.

El agresor de María Isabel Covaleda estuvo detenido un par de días, pero definieron su agresión dentro de la categoría de lesiones personales. Un delito que es excarcelable si la persona agredida no sufrió daños que le generaron una incapacidad mayor a 30 días. Ella amplió la denuncia, y mientras espera que avance la investigación ha despertado un movimiento en el país que exige mejor atención a las mujeres que se atreven a denunciar. “Poner en evidencia la impunidad es una responsabilidad de todos. Si se perpetua la impunidad, crece el dolor en un sistema que nos tiene calladas… Los golpes a veces no se ven, están adentro. Yo tuve las marcas en la cara, pero hay otras mujeres que viven una violencia invisible a los ojos de otros”, reflexiona.

Según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, entre enero y septiembre de este año se habían registrado 38.107 casos de violencia de pareja, 8.783 más que el mismo periodo del año pasado. La edad de las mujeres que más sufren agresiones está entre los 25 y los 29 años, con más de 8.000 casos.

La impulsora de la Red Nacional de Mujeres dice que la impunidad en este tipo de situaciones se fundamenta principalmente en la “naturalización de la violencia contra las mujeres, en un país como Colombia que ha vivido en guerra durante tantos años y donde la agresividad forma parte de la cotidianidad". Desde el punto de vista legal, Sánchez asegura que se necesitan medidas inmediatas de protección. "Algunas mujeres deben persistir durante años para que se las otorguen y otras, mueren mientras esperan”, afirma.

Desde el año 2009, se implementaron en las principales ciudades del país el programa Casas de Refugio, en donde más de 2.000 mujeres maltratadas han encontrado un lugar donde protegerse, al menos durante seis meses, de sus parejas. Allí pueden permanecer con sus hijos, reciben alimentación y atención en salud. Sin embargo, apenas hay lugares de este tipo en las zonas rurales, y las mujeres que sufren malos tratos allí no tienen medios para trasladarse a las capitales.

En este país americano, se empezó a tipificar el feminicidio —crímenes por razón de género— como un delito autónomo en 2015. A través de la Ley Rosa Elvira Cely —que toma el nombre de una mujer que fue brutalmente asesinada— se creó la norma que castiga con penas hasta de 50 años de prisión a quienes cometan un feminicidio. Sin embargo, que un caso llegue hasta allí sigue siendo difícil. Muchas denuncias terminan en maltrato intrafamiliar o no pasan de ser un registro más de lesiones personales.

María Isabel Covaleda está viva de milagro. Y esa fue su motivación para dar la cara. “Me salvé. Ahora quiero ser una voz para otras que no se atreven todavía a denunciar. Quiero poder acompañarlas”, dice. Este 25 de noviembre, en el marco de Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, liderará el acto ‘El día en que Colombia se quedará sin mujeres’, una manifestación que simbólicamente pretende mostrar la ausencia de las mujeres en la sociedad. La iniciativa hace un llamamiento a quitar las fotos de los perfiles de redes sociales, ausentarse de los espacios físicos donde suelen estar y dejar un par de zapatos en un parque, que al final será un escenario en donde solo quedarán las prendas de las mujeres que dejaron de existir. Donde serán solamente un recuerdo.
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