sábado, 19 de noviembre de 2016

Punto final: cómo fueron los 18 años de México en la Copa Libertadores

La Conmebol modificó el calendario de su máxima competición de clubes y les mostró la puerta de salida a los equipos mexicanos. De qué forma llegaron, cuáles fueron sus hechos más destacados y en qué contexto se fueron

Rodrigo Duben
rduben@infobae.com
A fines de los 90, el fútbol ya era más que un fenómeno cultural. Sin embargo, la mediatización era más limitada y, aunque la industria se movía cómodamente e imponía sus propias leyes, el hambre de gloria deportiva era moneda más corriente. México ya era un país definitivamente futbolero. Había sido anfitrión de dos Copas del Mundo (1970 y 1986) y tenía un seleccionado nacional competitivo, con seis títulos de la Concacaf y buenas presentaciones como invitado en la Copa América: subcampeón en 1993 y tercero en 1997.


Pero también buscaba que ese prestigio se tradujera a la liga doméstica y, a partir de 1996, introdujo el formato de moda de dos torneos por año. Siempre admiraron a países como la Argentina y Brasil e intentaron estar a la altura de su nivel de jugadores, su capacidad de exportación y sus aficiones. Por eso, cuando vieron la posibilidad de insertarse en el fútbol sudamericano, no lo dudaron.

El negocio que auspició el desembarco

En 1997, la Federación Venezolana de Fútbol accedió a poner en venta los dos lugares que les correspondían a sus equipos en la Copa Libertadores. Los mexicanos vieron la oportunidad que tanto habían esperado para participar en un torneo de clubes más competitivo y ser parte de la élite del fútbol de las Américas.

El negocio consistía en que México abonaba 200.000 dólares a cada equipo de Venezuela que clasificara a la Liguilla Pre-Libertadores y además, se debía ofrecer el pago total de viáticos y una compensación de 80.000 dólares para la Federación Venezolana. Los aztecas aceptaron las cifras y accedieron a jugar un torneo preliminar entre dos equipos venezolanos y dos mexicanos, con un sistema de todos contra todos. Los dos primeros lugares de esa zona se metían a la fase de grupos de la Copa Libertadores.

Los debutantes fueron las Chivas de Guadalajara y el Club América, elegidos por popularidad. Tras ganar la Liguilla Pre-Libertadores al Caracas y al Atlético Zulia, quedaron ubicados en el Grupo 2 con los equipos brasileños Vasco Da Gama y Gremio. Fue así que México se estrenó en el certamen el 4 de marzo de 1998 en el Estadio Jalisco de Guadalajara, con victoria de 1-0 de las Águilas del América sobre las Chivas.

El nivel de los equipos mexicanos era noblemente superior a los venezolanos, por lo que solían entrar sin problemas en la fase de grupos. Sólo Necaxa (1999) y el Atlante (2001) no lograron avanzar a esta instancia.

Cruz Azul, el primer "invitado" que llegó a finalista

Tres años después del ingreso de los mexicanos al certamen, Cruz Azul se transformó en el primer mexicano en llegar a la final de la Copa Libertadores. Compartió el Grupo 7 con Sao Caetano, Defensor Sporting y Olmedo. En octavos de final, se impuso a Cerro Porteño y en cuartos de final doblegó a River Plate. En semifinales, derrotó a Rosario Central y en la última instancia se enfrentó al vigente campeón, Boca Juniors, a quien le quitó una racha de más de un año sin caer en La Bombonera. Sin embargo, Boca ganó la tanda de penales y se quedó con el título.

Fue el primer gran hito para los clubes mexicanos, que tiempo después, con base en buenos rendimientos, obtuvieron sus boletos directos. En el 2004, aquel contrato entre Venezuela y México finalizó, por lo que le dieron tres y dos cupos directos a cada uno, respectivamente.

El problema fue que el reglamento de la Copa Libertadores establecía que los equipos representantes de los países debían ser los campeones, pero en México los campeones se clasificaban a la Copa de Campeones de la Concacaf. Aún sigue siendo así. La Federación Mexicana de Fútbol tuvo que crear la InterLiga, un certamen avalado por la FIFA que se jugaba en enero, con ocho equipos disputándose las dos plazas para el torneo continental.

La InterLiga se extendió hasta 2010, año en que hubo un quiebre. La Copa de Campeones de Concacaf pasó a llamarse Liga Campeones de la Concacaf (del inglés CONCACAF Champions League) y renovó su formato. El ganador de aquel torneo jugaría el prestigioso Mundial de Clubes, el campeonato más importante de equipo a nivel mundial. La Copa Libertadores perdió atractivo para los clubes mexicanos, quienes empezaron sentirse menospreciados por su condición de "invitados".

Las reglas de no jugar el Mundial de Clubes a pesar de ser campeón de la Libertadores y de tener que definir de visitante en todas las finales son algunas de las normas que causaron el disgusto de los elencos aztecas.

La gripe A que azotó a México y lo benefició en la Copa Libertadores

Aquella edición 2010 también sería excepcional por la participación de 40 equipos en la Copa Libertadores. San Luis y las Chivas del Guadalajara se habían retirado de la edición 2009 porque Nacional de Montevideo y San Pablo de Brasil se negaron a viajar a México, que padecía una grave epidemia de la gripe A (H1N1), y la Conmebol no logró resolver la negativa.

Cuando la Federación Mexicana de Futbol (FMF) y Conmebol restablecieron relaciones, el organismo sudamericano falló a favor de los equipos aztecas. Los compensó económicamente y les permitió ingresar a la Copa Libertadores a partir de octavos de final de la edición 2010.

Así fue como Chivas de Guadalajara se convirtió en el segundo equipo mexicano en llegar a la final de la Libertadores, instancia en la que perdió ante Internacional de Porto Alegre. "El Rebaño" fue parte de un desenlace polémico. Los jugadores mexicanos fueron provocados y se armó una bronca antes del festejo de los brasileños.

Los años de agonía y el adiós a la Copa Libertadores

Lo que siguió posteriormente sirvió para que México se diera cuenta de que no quería jugar más la Copa Libertadores. La Liga mexicana evolucionó en un certamen muy rentable y sus equipos tienen una realidad muy distinta que los del fútbol sudamericano, obligados a jugar la Libertadores para contar con el dinero que se obtiene al avanzar rondas y también por vender a los mejores futbolistas a mercados más atractivos.

Según la un informe de Forbes, un club de la Liga MX tiene "21 veces más presupuesto y estabilidad financiera" que la mayoría de Sudamérica. Para un equipo peruano, ecuatoriana o bolivia­no, ganar la Copa Libertadores representaría más del 110% de su presupuesto anual. En cambio, para un conjunto mexicano, la cifra apenas equivale al 20 por ciento.

Ese desinterés económico quedó traducido en los resultados. Del 2010 al 2015, participaron 17 equipos mexicanos, pero nueve de ellos han quedado entre el repechaje y la fase de grupos. La última gran gesta fue la de Tigres, que llegó a la final del certamen del 2015 y cayó ante River Plate.

México es el segundo mercado más importante después de Brasil para las empresas que auspician el certamen. El Banco Santander, quien patrocinó el torneo entre 2008 y 2012, protegía mucho a los clubes aztecas, que no tuvieron tanto amparo bajo el ala de la firma de neumáticos Bridgestone, el actual sponsor principal.

Pero además de estos motivos comerciales, y los reglamentarios mencionados anteriormente, también encontraron razones deportivas. En la 'Concachampions', los clubes de Estados Unidos han crecido y los costarricenses son más combativos. No tienen el nivel de los de Brasil, Argentina, Uruguay o Chile, pero les resulta suficiente para tener buen roce internacional, mientras aspiran al Mundial de Clubes.

El cambio de calendario de la Copa Libertadores, que provoca una superposición con la Liga de Campeones de la Concacaf, pero además afecta al torneo local, fue el motivo perfecto para decir adiós. A casi dos décadas del interés de México de jugar la Copa Libertadores, el fútbol ya se ha transformado en un negocio sin fronteras, en el que los aficionados pasan a ser clientes y los clubes se comportan como grandes empresas. En ese contexto, los intereses económicos y comerciales pesaron más que lo deportivo. Y 18 años después, en el momento que encontraron motivos para salirse, tampoco lo pensaron dos veces.
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