domingo, 27 de noviembre de 2016

Nico Rosberg, campeón del mundo de Fórmula 1

El piloto alemán, de 31 años, suma su primer título tras terminar segundo en Abu Dabi

Oriol Puigdemont
El País
Nico Rosberg rompió al fin el doble maleficio que parecía perseguirle desde que el gran público descubrió que iba a debutar en la Fórmula 1. Pronto salieron los oportunistas que detectaron en él el típico caso del hijo del campeón, que saca tajada del nombre y los contactos de su padre, para ir abriéndose puertas más rápido. De la mano de estos también aparecieron los visionarios que vaticinaron que nunca llegaría a emular a Keke, que se impuso en 1982 al volante de un Williams. Pues bien, después de once temporadas y tras haberse pasado cuatro en el purgatorio de Williams (de 2006 a 2009), este alemán de 31 años, tan exquisito en sus modales que a veces adolece de artificialidad, ha convertido en papel mojado todos esos tópicos que se dijeron y se escribieron sobre él.


Desde este domingo, Rosberg ya no es solo un corredor con un apellido ilustre sino que figura en de la selecta lista de campeones del certamen más exclusivo, elitista y politizado de la historia del automovilismo. La corona que se ha encasquetado esta tarde en Abu Dabi les convierte a él y a su padre en la segunda pareja capaz de celebrar el alirón, después de la que formaron los Hill, campeones en 1962 y 1968 (Graham) y en 1996 (Damon).

Dicen que los hitos que se consiguen en el deporte deben medirse en función de la calidad de los adversarios, y es precisamente ese baremo el que le otorga a este título un valor tremendo, incontestable. La combinación que forman Lewis Hamilton y su Mercedes llevaba paseándose los dos últimos cursos y parecía que no iba a haber dos sin tres. El británico, por carácter y ambición, se convirtió en punta de lanza de la escudería de Brackley (Gran Bretaña), mientras que su vecino de taller, mucho más discreto en todos los sentidos, se limitó a aguantar y esperar.
Nico Rosberg, campeón del mundo de Fórmula 1 pulsa en la foto

Su momento llegó este año, en el que aprovechó la inercia del último tramo del anterior para encadenar cuatro victorias del tirón, una secuencia que pilló a trasmano a su compañero. A partir de entonces, Rosberg supo resistir el contraataques de su rival cuando este se revolvió con fuerza –seis triunfos en siete grandes premios entre Mónaco y Alemania–, para después asestarle la puntilla y prepararse el terreno para depender de sí mismo. Llegados a ese punto, de nada sirvió el último empujón de Hamilton, que ni siquiera llevándose las últimas cuatro carreras pudo celebrar su cuarto Mundial, por más que a fin de cuentas acumule una victoria más (10) que su amigo de la infancia (nueve).

En el Yas Marina, el chico de Tewin lo hizo todo bien. Fue el más rápido cada vez que salió a la pista, se llevó la pole el sábado y la carrera el domingo, tirando de la única estrategia que tenía a su alcance para tratar de obrar el milagro: se puso al frente del pelotón desde el arranque y ralentizó el ritmo tanto como pudo para que los dos Red Bull y Sebastian Vettel se echaran encima de Rosberg, que circuló el segundo la mayor parte del tiempo hasta cruzar la bandera e cuadros y ponerse a volar junto a los suyos. El de Wiesbaden volvió a demostrar cuánto ha crecido en este 2016 a todos los niveles. El nuevo campeón fue agresivo cuando tuvo que hacerlo, como en esta última prueba, al lanzarle el bólido a Max Verstappen (vuelta 20) y pasar a un dedo del holandés, casi nada. Hamilton le dejó a los pies de los caballos y él se defendió a lo campeón.

Un ejemplo más de los muchos que se han ido acumulando a lo largo de estos nueve meses de competición que le han permitido al germano quitarse el San Benito que le acompañó desde que le metieron en kart con poco más de cuatro años de edad. Como en su día le ocurrió a Jenson Button, nadie había logrado tantas victorias como Rosberg (23) sin haber cantado el alirón. Esa etiqueta de segundón ya es para otro; que pase el siguiente.

La temporada 2015-2016 se ha caracterizado, además de por la consagración de Rosberg, por la irrupción de Max Verstappen. El holandés recogió el testido de Kvyat en Montemeló y a los mandos de su Red Bull y con 18 años se convirtió en el piloto más joven de la historia en lograr una victoria. En cuanto al resultado de los pilotos españoles, Fernando Alonso completó la temporada con un décimo puesto que le coloca en ese mismo lugar en la clasificación general. Carlos Sainz Jr., por su parte, no acabó la carrera en Abu Dabi debido a un golpe en carrera y concluyó en 12ª posición el Mundial.
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