viernes, 18 de noviembre de 2016

La UE debate ofrecer a los socios que no quieren refugiados pagar o ayudar en las expulsiones

La presidencia eslovaca propone eximir de la acogida a quien brinde ayudas alternativas

Lucía Abellán
Bruselas, El País
La Unión Europea trata de acotar el término solidaridad en el reparto de refugiados, un ejercicio que enfrenta a unos países con otros. La presidencia rotatoria de la UE, ahora en manos de Eslovaquia, ha presentado una propuesta para que los gobernantes que no acepten acoger refugiados puedan liberarse de esa obligación con otras alternativas. Entre ellas, ofreciendo una compensación económica a quienes sí acojan o implicándose más en las expulsiones de los migrantes que no tienen derecho a asilo. La idea solivianta a los países que soportan la mayor presión de llegadas, especialmente a Italia. Los ministros encargados de la Migración (en la mayoría de países, los de Interior) mantuvieron el jueves una cena de trabajo para debatirlo, pero no lograron un acuerdo. La discusión fue “abierta, a veces apasionada”, ha admitido el ministro eslovaco, Robert Kalinak.


La solidaridad es el concepto en el que se basa buena parte del engranaje europeo. El año pasado, cuando Europa enfrentaba una crisis de refugiados que condujo a más de un millón de personas a suelo comunitario, la Comisión Europea propuso un esquema de emergencia para aliviar a Grecia e Italia (los países con más llegadas) de 160.000 demandantes de asilo. Aunque ya debería haberse acomodado más de la mitad, apenas se ha trasladado a un 5%. En abril de este año, Bruselas puso sobre la mesa un nuevo sistema para hacer de ese reparto algo permanente si llegan nuevas crisis en el futuro.

Un bloque de países (principalmente los del Este) rechazó el esquema y empezó a cundir el concepto de “solidaridad flexible” para que los países reacios se pudieran desligar del compromiso. Con el fin de salir del atasco, Eslovaquia —uno de esos reticentes y ahora en el puesto de presidencia de la UE— propuso reconvertir el concepto en “solidaridad efectiva”, que permita a los Estados participar en aquello en lo que se sienten más capaces.

“Hay muchas maneras de expresar solidaridad, desde acoger refugiados reubicados hasta hacer contribuciones financieras”, argumentan fuentes diplomáticas favorables a este nuevo modelo, que destierra la idea de obligatoriedad para sugerir que, en caso de crisis, las contribuciones deberían organizarse “de manera voluntaria”, según el borrador de propuesta.

Pese a todo, el texto deberá rehacerse para acomodar otros intereses. Países como Alemania, Italia, Suecia y Grecia recelan de esa invención y así lo hicieron saber en la cena de anoche. Los detractores argumentan que, si todo el mundo puede quedar exento de la obligación de reubicar, el peso seguirá cayendo solo sobre unos pocos, como ocurre ahora. “Para mí está claro que debe haber un mínimo de solidaridad común y que cada Estado debe tener una participación efectiva en la acogida de refugiados”, ha reivindicado este viernes el ministro alemán, Thomas de Maizière.
¿Matrimonio flexible?

También la Comisión Europea está molesta con la deriva que ha adoptado el debate. "Es difícil comprender estos conceptos de solidaridad flexible o selectiva. No se entendería en otros contextos, por ejemplo si habláramos de matrimonio flexible o matrimonio selectivo. Podría funcionar en algunos casos, pero no estaría bien", ha ironizado el comisario de Migración, Dimitris Avramopoulos, al término de la reunión que han mantenido este viernes los ministros en Bruselas (más allá de la cena del jueves).

España se alineó inicialmente en este debate con el bloque del Este, aunque poco antes de las elecciones de junio —y a la vista de que la opinión pública no respaldaba ese enfoque restrictivo— empezó a trasladar refugiados desde Grecia e Italia. Pero el ministro anterior, Jorge Fernández Díaz, seguía defendiendo que habilitar un sistema de reparto permanente, para cualquier situación de crisis, era contraproducente. Ningún representante del Ministerio del Interior español participó anoche en la discusión.

Encontrar un punto de equilibrio entre las dos posturas no parece sencillo. Pero los países miembros se han comprometido a allanar el camino para que los jefes de Estado y de Gobierno lo discutan en la próxima cumbre, a mediados de diciembre. Aun así, la solución definitiva se retrasará (Bruselas confía en que esté lista para junio de 2017). Lo más probable es que la próxima presidencia de la UE intente diseñar un sistema con varios paquetes de contribución (acogida, control de las fronteras exteriores, envío de expertos a los puntos más calientes de llegadas…). Cada Estado podrá elegir en qué grado contribuye a esos capítulos, pero habrá obligación de implicarse en todos. Está por ver que esa idea satisfaga a países muy cerrados a cooperar como Polonia y Hungría.
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