sábado, 26 de noviembre de 2016

La oveja negra de los Trump

Tiffany, la menor de la dos hijas del presidente electo, fue excluida de los vídeos de campaña y le controlan las redes, donde es muy activa

Mateo Sancho Cardiel
Nueva York, El País
Tiffany Trump se llama así en homenaje a la tienda de diamantes de Nueva York que está justo al lado de la torre que lleva el apellido de su millonario padre. Así que, a partir de ahí, su vida solo podía transcurrir entre el bling bling y el lujo. Que abran paso Nicole Ritchie, Paris Hilton y, si se apura, las Kardashian.


Tiffany Trump llega con un ecléctico currículo que incluye un título en Derecho en la Universidad de Pensilvania (la misma Ivy League en la que estudió toda su familia), un puesto de becaria en Vogue y un sencillo pop dance titulado Like a Bird que nadie escuchó en 2011. Pero, sobre todo, tiene un perfil con 490.000 seguidores en Instagram que, incluso después de haber sido filtrado para no dañar la imagen de su padre, echa chispas. Allí conviven filtros de Snapchat, imágenes patrióticas, fiestas en biquini, poses sensuales, cerdos vietnamitas comiendo helados o postales en la nieve.

En muchas de las fotos aparece con su madre, la segunda mujer de Trump, Marla Maples, y quien la crió en Los Ángeles lejos del presidente electo de EE UU. Se casaron pocos meses después de que naciera la pequeña Tiffany el 13 de octubre de 1993 y se divorciaron en 1999.

A pesar de que ella dice haber sido educada por una madre soltera y lleva consigo la impronta de chica californiana, siempre tuvo una muy buena relación con su padre, al que apoyó en la convención republicana con un discurso en el que se definió con el mismo gen que él: “Como mi padre, nunca me he amilanado ante los retos”. También añadió que Trump siempre la ha llevado a sacar “la mejor versión de sí misma”.

Parece, en cambio, que su padre ha concluido que esa versión no está en la Casa Blanca ni tampoco en las juntas directivas de sus multimillonarias empresas. De momento, Tiffany ha quedado al margen de esa imagen de marca Trump a la que sí pertenecen sus hermanos Donald y Erik, ni tiene el rédito político de su hermana Ivanka, casada con el llamado poder en la sombra del magnate, Jared Kushner. Tampoco vivirá con él en la residencia presidencial como sí hará el pequeño Barron. Aunque también tiene un novio influyente, Ross Mechanic, de familia de abogados demócratas, ella ha sido excluida de los vídeos promocionales de la familia o del documental de Fox News titulado Meet the Trumps. ¿Será la oveja negra del clan? “Siempre he tenido los pies en la tierra. La gente no lo cree por ser quién soy, pero siempre he sido educada con muchos principios por parte de mis padres. Quiero que se me dé la oportunidad de crecer y ser simplemente Tiffany, no Tiffany Trump”, confesó a Oprah Winfrey con apenas 17 años.

En cualquier caso, a sus 23, no parece haberlo necesitado demasiado, pues forma parte de una nueva familia que también ha llenado páginas en The New York Times: el llamado snap pack que da el relevo a los Frank Sinatra y Dean Martin del rat pack o a los Rob Lowe y Emilio Estévez del brat pack. Está liderado por el diseñador de moda Andrew Warren, que ha enrolado con eventos extravagantes (como una fiesta de pijamas en la tienda de Dolce & Gabbana de la Quinta Avenida en marzo) a grandes apellidos de diversa procedencia: Barron Hilton, Kyra Kennedy, Gaia Matisse y, sí, Tiffany Trump. Todo queda registrado en sus teléfonos móviles y, por si cabía alguna duda, nunca hablan de política.

‘Primeros hijos’

Cuando John Fitzgerald Kennedy fue asesinado en 1963, su hijo pequeño, John-John, despidió su féretro con un enternecedor saludo militar a sus escasos 3 años. La imagen quedó para el recuerdo, pero, además, dio idea del mundo emocional tan distinto en el que vive el hijo de un presidente de EE UU. Todo el mundo sabe cómo fue el resto de la vida de John-John, truncada trágicamente a los 38 años.

En la larga tradición de hijos de presidentes, Tiffany Trump puede ser la guinda de un pastel en el que ha habido ejemplos díscolos como las gemelas Janna y Barbara Bush, hijas y nietas de presidentes, o hijas pluscuamperfectas como Chelsea Clinton, dedicada a las labores filantrópicas. También pertenecen a esta especie Alice Roosevelt, hija de Teodoro Roosevelt. Fue la primera hija presidencial en convertirse en icono de estilo y creó casi una crisis internacional cuando en un crucero en plena misión diplomática en Japón se lanzó vestida a la piscina. En el otro extremo de la responsabilidad está Margaret Wilson. La hija mayor de Woodrow Wilson tuvo que sustituir a su madre como primera dama cuando esta murió en 1913.

Con estos antecedentes, los Obama entraron en la Casa Blanca prometiendo que sus dos hijas vivirían una adolescencia normal en la medida de lo posible. Aparentemente, Malia y Sasha lo han conseguido.
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