sábado, 26 de noviembre de 2016

La derecha francesa se radicaliza para reconquistar el Gobierno de Francia

Fillon y Juppé representan a las dos derechas que conviven en el partido heredero del gaullismo

Carlos Yárnoz
París, El País
La derecha francesa se lanza de lleno este domingo a la reconquista del Elíseo pronosticada por todos los sondeos y analistas. Para asegurarla, sus votantes han optado por un giro conservador, ortodoxo y católico para afrontar los problemas de una Francia bloqueada por la crisis económica y golpeada por el terror yihadista. Por eso, a la segunda vuelta de las primarias abiertas para elegir candidato acude como favorito el tradicionalista François Fillon, de 62 años. Le disputa el título el centrista Alain Juppé, de 71 años.


Vuelve la derecha en su versión dura. El “retrógrado” Fillon con su “brutal” programa, en palabras de Juppé, será elegido candidato si los sondeos aciertan esta vez. Le dan el 56% de apoyo en una derecha francesa católica (el 60% de sus votantes lo son), nerviosa por el frenazo económico, asustada por una supuesta crisis de identidad en un país multicultural y en estado de excepción ante el terror. Son los conceptos en los que más ha insistido en su campaña.

Fillon, ex primer ministro, fue el sorprendente ganador de la primera ronda hace una semana. Las encuestas le habían situado en la cuarta o tercera posición, siempre con Juppé en cabeza seguido del expresidente Nicolas Sarkozy, ahora apartado tras su humillante fracaso. Con el programa “más radical”, como él mismo asume, a Fillon le votaron 1,9 millones de personas (el 44%), 675.000 más que a Juppé (28%). Tras su apabullante victoria inicial, le declararon su apoyo Sarkozy (que logró el 20% de los votos), el presidente de su partido —Los Republicanos— o los líderes conservadores en ambas Cámaras.

Los dos finalistas representan a las dos derechas que conviven en el partido heredero del gaullismo. Han sido primeros ministros, llevan toda su vida en política y tenían buena relación. En el terreno económico, sus diferencias son escasas. Los dos quieren una reforma laboral dura, el fin del límite legal de 35 horas laborables a la semana, el retraso de la jubilación a los 65 años (hoy 62) o prescindir de 250.000 funcionarios (Juppé) o 500.000 (Fillon). Como coinciden en dar 50.000 millones a las empresas en rebajas fiscales o en reducir en 100.000 millones el elevado gasto público. Les diferencian el tiempo y las formas porque Fillon, calificado de “thatcheriano” por el círculo de Juppé, lo quiere todo más pronto y con fórmulas más liberales. Por eso exige a los funcionarios “trabajar más por menos dinero”, facilitar los despidos y permitir que, si hay acuerdo en las empresas, se pueda trabajar hasta 48 horas por semana.


Entre el mejor y el único

Pero la diferencia mayor reside en el catolicismo militante de Fillon, en su exhibicionismo. Ha reiterado que el aborto, cuya ley lleva en vigor 41 años, “no es un derecho fundamental”, pese a que así figura en la norma ampliada hace dos años, que no prevé cambiar.

Para Fillon, los migrantes que llegan a Francia deben “asimilar” la herencia francesa y sus valores. En la defensa de la identidad, acusa a los “ideólogos que quieren imponer su visión” al redactar los libros de texto sin referencias a Clodovico, primer rey de la Francia unida en el siglo V o Juana de Arco, la madre de la patria.

Tiene un programa “extremadamente tradicionalista”, dice Juppé. Por eso, añade, le alaban hasta exdirigentes del Frente Nacional. “Si los franceses han elegido mi proyecto contra todo el sistema político-mediático, es porque lo apoyan”, responde el aspirante. “Es el mejor de nosotros”, dijo el expresidente Jacques Chirac de Juppé. “No es que seas el mejor; eres el único”, cuenta Le Figaro que le ha dicho a Fillon el también expresidente Valéry Giscard D’Estaing. La votación de hoy dirá quién tiene razón.
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