sábado, 19 de noviembre de 2016

Donald Trump sondea a viejos enemigos para otros puestos clave

El presidente electo se reúne con el excandidato presidencial Mitt Romney, muy crítico hasta ahora

Amanda Mars
Nueva York, El País
Donald Trump trasladó este fin de semana su cuartel general de Nueva York a su campo de golf en Bedminster (Nueva Jersey) para proseguir la maratón de reuniones que tiene que alumbrar el nuevo Gobierno. Trump baraja para otros puestos clave a políticos que fueron muy críticos con él. El principal ejemplo es Mitt Romney, candidato presidencial republicano en 2012, con quien el presidente electo se reunió este sábado y que suena, entre otros nombres, como posible secretario de Estado.


El encuentro con Romney, que duró algo más de una hora, también sirve a Trump para tender puentes con la vieja guardia republicana, independientemente de que el exgobernador de Massachusetts sea o no su opción final para algún cargo. "Hemos hablado sobre la áreas del mundo que interesan a Estados Unidos, ha sido un conversación con profundidad en el tiempo que hemos tenido y agradezco la oportunidad de hablar con el presidente", dijo Romney al salir de la cita.

Las primeras nominaciones para altos cargos de Trump se han caracterizado por la lealtad que los elegidos han mostrado al próximo líder de Estados Unidos desde el primer momento. No era un círculo tan amplio, el empresario neoyorquino ha llegado a la Casa Blanca sin el apoyo del núcleo duro del partido conservador. Mitt Romney era una de esas grandes figuras de la formación que se opuso radicalmente a él. Por eso la invitación de este fin de semana, dentro del ciclo de contactos para la formación del gabinete, ha causado tanta sorpresa.

Ha habido palabras gruesas entre ambos. “Donald Trump es un farsante, un fraude. Sus promesas tienen tanto valor como un título de la Trump University”, dijo Romney en marzo. El viernes precisamente, Trump acordó pagar 25 millones de dólares para cerrar los pleitos pendientes por presunta negligencia en el proyecto educativo que operó entre 2004 y 2010. A estas críticas, Trump replicó tachando a Romney de “candidato fracasado” y dijo haberle apoyado en 2012 de forma muy despectiva para el excandidato: “Estaba suplicando mi respaldo, podría haberle dicho ‘Mitt, ponte de rodillas’, y se hubiese arrodillado ante mí”, comentó Trump.

Otros republicanos críticos con Trump han entrado también en las quinielas para puestos relevantes. Junto a Romney y otros, para el puesto de jefe de la diplomacia americana también figura como candidata la gobernadora de Carolina del Sur, Nikki Haley, con quien Trump se reunió el jueves y que no solo no apoyó al candidato, sino que además le reprochó que no publicara su declaración de la renta, como hacen los aspirantes a la Casa Blanca. Kelly Ayotte, senadora de New Hampshire, es uno de los nombres que la prensa estadounidense ha señalado como posible embajadora ante la ONU, a pesar de que esta dijo que dejó de considerarle un “modelo de comportamiento” después de salir a la luz el vídeo machista del presidente electo en 2005.

Trump también se verá durante el fin de semana con Rudy Giuliani, el exalcalde de Nueva York que se convirtió en su fiel escudero durante toda la campaña y con quien se ha mantenido cercano también en estos días de transición. Otras visitas previstas incluían a Michelle Rhee, una defensora de la reforma educativa que suena como posible responsable de Educación.

En paralelo, Trump prosigue sus contactos internacionales. De todas las llamadas de estos días, la del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, era de especial relevancia. Trump sacudió la campaña cuando cuestionó el nivel de implicación de EE UU en la Alianza Atlántica. Tras la conversación telefónica, Stoltenberg dijo en su cuenta de Twitter que había tenido “una buena charla” con el presidente electo.
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