sábado, 19 de noviembre de 2016

¿Con qué presidentes compite Hollande como el más impopular?

Nunca se había visto un mandatario con tanta desaprobación en Francia ni en otros países


José M. Abad Liñán
Madrid, El País
A François Hollande no lo quiere casi nadie. La candidatura de Emmanuel Macron, su exministro de Economía, anunciada el miércoles, da la puntilla a un descenso continuado en las encuestas. Tampoco le ha ayudado la publicación del libro Un presidente no debería decir eso, en el que tilda a la judicatura de su país de ser “una institución de cobardía”, aunque al poco se excusó. En el texto Hollande se refirió a los futbolistas como personas carentes de referencias y de valores, y que “han pasado de ser críos maleducados a vedettes riquísimas, sin preparación”. El presidente parece no tocar fondo en los índices de popularidad, tras consumir el balón de oxígeno (35% de confianza) que obtuvo tras los atentados de la sala Bataclan, hace ahora un año. Hoy, tan solo un 11% de los franceses se fía del líder socialista, un 2% menos que en octubre, según un sondeo de Kantar Sofres-OnePoint para Le Figaro Magazine.


La cota es la más baja jamás alcanzada por un presidente francés en las mediciones de confianza del barómetro Kantar TNS. Jacques Chirac, que gobernó desde 1995 a 2007, nunca bajó del 16% que arrojó la misma encuesta en julio de 2006. Sarkozy tocó fondo en el 20%, y Mitterrand en el 31%, un porcentaje que repitió tres veces en su largo mandato de 14 años. En una encuesta específica sobre el nivel de satisfacción realizada el pasado mes de mayo, la satisfacción era aún menor, un 8%, la más baja obtenida por un presidente desde 1974.

La confianza, la satisfacción o la preferencia por un candidato u otro son las mediciones más habituales en la mayor parte de los países occidentales. En el caso de España, el CIS comenzó a preguntar a sus encuestados por la confianza que les merecía el presidente en el cargo en febrero de 1986. Desde entonces, el récord negativo lo ostenta Mariano Rajoy, que solo logró un 10,7% de respuestas de apoyo (la suma de quienes respondieron tener “mucha" o "bastante confianza” en él) en octubre de 2013 y enero de 2014. Ni en sus peores momentos Aznar bajó de su 28,5% de marzo de 2003.

En Estados Unidos, la empresa de encuestas Gallup ha mantenido la tradición de medir los máximos y mínimos de satisfacción con los presidentes desde 1938. Richard Nixon (que gobernó de 1969 a 1974) fue el presidente que logró un menor índice de satisfacción desde la Segunda Guerra Mundial: el 24%, justo al final de su mandato. Cerca anduvo George W. Bush en las tres ocasiones en que se hundió hasta el 25%. En contraste, destaca Kennedy: jamás se apeó del 56%, su cota más baja, en septiembre de 1963.

La satisfacción en un primer ministro británico desde mediados de los setenta jamás fue tan baja como con John Major. El conservador, que gobernó de 1990 a 1997, se quedó en un exiguo 17% en agosto de 1994. El laborista Gordon Brown, en el poder desde 2007 a 2010, se hundió hasta el 21 en julio de 2008. En su aún breve mandato, la primera ministra Theresa May no ha bajado aún del 48%.

En Alemania, la empresa Forsa pregunta desde 1992 por la persona a la que los votantes prefieren como canciller (la que ostenta el cargo, el líder de la oposición o ninguno de los dos). Helmut Kohl se quedó en un 21% de apoyos en marzo y en abril de 1998. Angela Merkel, en cambio, no ha bajado nunca del 35%, su mínimo histórico, de octubre de 2006, informa Luis Doncel.

En Italia, los índices de confianza en los últimos cinco primeros ministros sorprenden por lo homogéneo. Los porcentajes mínimos se han mantenido en la horquilla del 30% al 40% de confianza (si se suman los de quienes mostraron hacia ellos “mucha” o “bastante confianza”), según el barómetro de IPR Marketing. Renzi, en el poder, acaba de alcanzar el mínimo del 30% el pasado mes de septiembre, pero ese mismo porcentaje consta en el histórico del independiente Mario Monti en septiembre de 2012 y de Silvio Berlusconi justo un año antes.
Publicar un comentario en la entrada